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domingo, 22 de noviembre de 2009

¡Posmoderno hasta la tumba!


Un emblema del Barrio Antiguo es en definitiva La Tumba Cultubar. La fachada, las velas, el escenario, la media luz que nos recuerda aquel tango...
"Y todo a media luz, que es un brujo el amor, a media luz los besos, a media luz los dos. Y todo a media luz crepúsculo interior. ¡Qué suave terciopelo la media luz de amor!" (Carlos Gardel).



Pero más allá de la arquitectura y las referencias musicales de antaño, en La Tumba se encuentra Marcela de la Garza. Canta-autora nativa de esta ciudad cuya existencia misma es una contradicción. Aparte de ser una ferviente católica se envuelve de la bohemia vida nocturna. Canta a sus ex parejas y simultáneamente canta a los niños, a tal grado de vender su canción a Tatiana. ¿Será posible cantar a Dios y cantar a lo mundano? ¿Componer canciones de adultos y de niños? Pues la posmodernidad se lo permite, esa posmodernidad que mete en la licuadora cualquier cantidad de tendencias y les quita lo excluyentes.

Marcela canta:


"No voy a gastar mis neuronas 
De tanto pensar en ti

Necesito que me digas si este amor es cierto
No voy a dejar que destruyas
lo que en años construí
Necesito que definas este sentimiento

Porque yo te amoo..., te amo
Porque yo te amoo..., te amo"

Una pareja de novios se besa al fondo(es su aniversario), un cincuentón solitario escribe en las servilletas(Paquita la del Barrio le debe la renta de un departamento en la Col. Guerrero, D.F.), un grupo de solteras corea (ya deberían haber llegado a su casa) y dos chicas se toman de la mano por debajo de la mesa (no se miran pero se tocan el alma).

A la conclusión que he llegado tras múltiples visitas a este lugar, es que en sí, La Tumba es un bar posmoderno, indefinible e indefinido. Donde la única limitación es donde fumar, mas no donde amar.

sábado, 24 de octubre de 2009

Adios Groovy

¿La crisis le habrá llegado? ¿O fueron los innombrables? El retrobar "Groovy", ubicado sobre Padre Mier, cerró sus puertas hace algunas semanas, sorprendiendo a sus asiduos clientes. Generalmente escuchaba comentarios positivos sobre ese lugar, sin embargo fui numerosas veces y tengo algunas críticas hacia él.


A pesar de tener una decoración fascinante y orientada al movimiento hippie de los sesentas, la música era una mezcla viscosa. Así como te ponían a la Reina Janis Joplin, la siguiente canción sería una de Depeche Mode. Zoe junto a The Beatles. La playlist utilizada por el DJ no era remotamente congruente con la imagen del lugar.

Por otro lado, es preocupante la ignorancia generalizada en cuanto al movimiento hippie. Ser hippie va más allá de ponerse una banda en la cabeza y hacer la popular seña de peace and love. ¿Acaso la concurrencia sabría quiénes fueron Ken Kesey y Timothy Leary? ¿Conocerían las dos vertientes del movimiento? Tom Wolfe no escribiría sus experiencias en este lugar. El movimiento nació de dos ramificaciones: la del desmadre con drogas y la de la paz ... con drogas.
En todo caso, el "Groovy" queda muy lejos de cualquiera de estos dos fundamentos.

Timothy Leary: paz, amor y LSD.

Ken Kesey: amor libre, roadtrip y LSD.


Por otro lado, el grupo que tocaba los sábados, Lazy Lizard, era bueno pero no dejaba de ser una imitación tropicalizada de The Doors. ¿Habrá leído el flaco vocalista de esta agrupación aquel libro "The doors of perception" del bien amado autor Aldous Huxley?

Pero también tenía su lado positivo, era más barato y práctico que ir al Woodstock Plaza, que aunque resulta más auténtico, es una afrenta hacia los bolsillos de universitarios paupérrimos como su servidora.

Chica Normal/no quiero ser Normal: A ver, tipoooo si pudieran viajar en el tiempo. ¿Sacan? ¿En qué época quisieran vivir?

Intelectual/quiero que todo el mundo sepa que soy intelectual: Pues yo iría a la época de la Ilustración, evidentemente.

Chica Normal/no quiero ser Normal: ¡Pues yo iría totalmente a los sesentas! Ya sabes que yo soy bien hippie, bien pis and lob, acá bien loca. Por eso voy al Groovy, es como volver en el tiempo güey.


Ante conversaciones como la anterior mi conclusión personal es que no se debería trivializar de tal manera una de las primeras corrientes de contracultura que enriqueció a las futuras generaciones con poemas novedosos, libros y con ese ánimo de libertad de las cuestiones materiales. No veo porqué tanto gusto por lo hippie si mi generación es más bien lo contrario: consumista, materialista y capitalista.